lunes, 06 de septiembre de 2010
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La Muerte Y el Estado de los Muertos




Desde cierto punto de vista, la muerte resulta algo muy natural: “Está establecido que los hombres mueran una sola vez” (Heb. 9:27). Puede ser aceptada sin rebeldía: “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (Juan 11:16). Desde otro punto de vista resulta algo sumamente antinatural. Es la paga del pecado (Rom. 6:23), y en ese sentido debe ser temido.

Desde cierto punto de vista, la muerte resulta algo muy natural: “Está establecido que los hombres mueran una sola vez” (Heb. 9:27). Puede ser aceptada sin rebeldía: “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (Juan 11:16). Desde otro punto de vista resulta algo sumamente antinatural. Es la paga del pecado (Rom. 6:23), y en ese sentido debe ser temido. Ambas perspectivas aparecen en la Biblia y ninguna de las dos debe ser pasada por alto. La muerte es una necesidad biológica, pero los hombres no mueren en la forma sencilla en que lo hacen los animales.

La muerte física no entraba en la voluntad de Dios, que ha creado al hombre a su imagen y semejanza y que lo ha hecho “alma viviente”. La muerte es física, por cuanto nuestro cuerpo retorna al polvo. (Génesis 2:17, Rom. 5:12, 6:23).

DEFINICIONES:

  1. Muerte: cesación de vida
  2. Sheol, Hades: (Heb. Sh’ol, gr. Hades) Sh’ol significa insaciable (Prov. 27:20, 30:15-16). Hades podría significar “invisible”. Los judíos llamaban Sheol al lugar donde se dirigían todos los muertos, bienaventurados o no (Ec. 9:3, 10).
  3. Sepulcro: cavidad del suelo donde reposa un despojo mortal. Hoyo que se hace en tierra para enterrar el cadáver de una persona. Los judíos eran sepultados con mayor frecuencia en cuevas artificiales o naturales (Gén. 23:9, Mateo 27:60, Juan 11:38).
  4. Sepultura: acción y efecto de sepultar; inhumación, puesta en tierra de un cadáver, honras fúnebres.

MUERTE FÍSICA

  1. La muerte parece ser necesaria para cuerpos como los nuestros. El deterioro físico eventual, disolución final, son inevitables. No obstante, la Biblia habla de la muerte como consecuencia del pecado, ha sido el salario de la desobediencia a la orden divina. Dios le dijo a Adán, “El día que de él comieres, ciertamente morirás”. Pablo nos dice que “el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte” y también que “la paga del pecado es muerte” (Génesis 2:17, Rom. 5:12, 6:23).
  2. Cuando examinamos más detenidamente el asunto, vemos que Adán no murió físicamente el mismo día en que desobedeció a Dios. En Romanos, capítulo 5 y 6, Pablo contrasta la muerte que sobrevino a consecuencia del pecado de Adán con la vida que Cristo ha traído a los hombres. La posesión de la vida eterna no anula la muerte física.

LA MUERTE ESPIRITUAL

  1. Esta muerte espiritual es una consecuencia del pecado. Desde su caída, Adán y Eva fueron echados de la presencia de Dios y privados de su comunión. Desde entonces, los pecadores se hallan “muertos en delitos y pecados’ (Génesis 3:22-24, Efesios 2:1).
  2. Ya hemos observado que Romanos 6:23 describe a la muerte como “la  paga” del pecado, consecuencia que merece el pecado. Pablo puede hablar de ciertos pecadores que conocen “el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte” (Rom. 1:32). Es el pensamiento del juicio de Dios lo que está a la base de la referencia que hace Juan al “pecado de muerte” (1 Juan 5:16-17). Esta constituye una verdad muy importante, pues nos permite apreciar cuán grande es el horror de la muerte, A la vez, paradójicamente, nos proporciona esperanza. El hombre no ha quedado atrapado en una red tejida por la ciega fatalidad, de tal suerte que, habiendo una vez cometido pecado, no hay nada que se pueda hacer para remediarlo. Dios está por encima de todas las cosas, y si bien ha decretado que la muerte es la paga del pecado, también ha resuelto dar vida eterna a los pecadores, que se arrepientan.
  3. El hijo pródigo, alejado del hogar paterno, está espiritualmente muerto. Esta es la razón de que el pecador tiene necesidad de la regeneración (Lucas 15:24; Juan 3:3-8).
  4. El paso de la muerte espiritual a la vida eterna se opera por acción del Espíritu Santo y se recibe por la fe (Juan 5:24; 6:63).
  5. La resurrección de nuestro ser interior es producida por el milagro simbolizado por el bautismo en agua. El que conciente en perder su vida y resucitar con Cristo es plenamente vivo en El (Romanos 6:4, 8, 13; Col. 2:12-13).

EL ESTADO DE LOS MUERTOS

La esperanza cristiana para la vida más allá de la muerte no está basada en la creencia de que una parte del ser humano sobrevive la muerte. Todos los hombres por la descendencia de Adán son naturalmente mortales. La inmortalidad es el don de Dios, que será alcanzado a través de la resurrección de la totalidad de la persona.

Por lo tanto, la Biblia toma muy en serio la cuestión de la muerte y no la considera una ilusión. Es la consecuencia del pecado (Rom. 5:12; 6:23), aterrorizados (Salmos 55:4). Es enemigo de Dios y del hombre y la resurrección es, pues, la gran victoria de Dios sobre la muerte (1 Cor. 15:54-57). La muerte es el “postrer enemigo que será destruido” (1 Cor. 15:26), abolido, en principio, mediante la resurrección de Cristo (2 Tim. 1:10), para ser definitivamente destruido en el día final (Isaías 25:8; Apoc. 20:14). Sólo porque la resurrección de Cristo garantiza la futura resurrección de los cristianos, estos se ven libres del temor de la muerte (Hebreos 2:14), y pueden contemplarla como un sueño del cual despertarán (1 Tes. 4:13; 5:10), o también como un partir para estar con Cristo (Filipenses 1:23).

  1. El Antiguo Testamento describe el estado de los muertos como una existencia en el Seol, el sepulcro o el mundo interior. Pero la existencia del Seol no es vida. Es un lugar de tinieblas (Job 10:21) y de silencio (Salmos 115:17), en el cual no hay memoria de Dios (Salmos 6:5; 30:9; 88:11; Isaías 38:18). Los muertos en el Seol se encuentran separados de Dios (Salmos 88:5), fuente de la vida. Sólo ocasionalmente se vislumbra en el Antiguo Testamento una esperanza de verdadera vida más allá de la muerte, la vida fuera del alcance del Seol en la presencia de Dios (Salmos 16:10; 49:15; 73:24; Job 19:25). El ejemplo de Enoc (Génesis 5:24) y de Elías (2 Reyes 2:11) ayudó a alentar esta esperanza. Una doctrina clara de la resurrección la encontramos en Isaías 26:19 y Daniel 12:2.
  2. El “Hades”  es  el  equivalente  neotestamentario del  Seol  (Mateo  11:23;  16:18; Lucas 10:15; Hechos 2:27, 31; Apoc. 1:18; 6:8; 20:13) que en la mayoría de los casos se refiere a la muerte o al poder de la muerte. En Lucas 16:23 es el lugar de tormento para los inicuos después de la muerte, En 1 Pedro 3:19-20 se describe a los muertos que perecieron en el diluvio como “los espíritus encarcelados’ (1 Pedro 4:6.)
  3. La esperanza neotestamentaria para los muertos en Cristo se centra en su participación en la resurrección (1 Tes, 4:13-18) y por lo tanto, hay escasas pruebas de alguna creencia acerca del “estado intermedio’. Los pasajes que indican que los creyentes que han muerto están con Cristo son Lucas 23:43; 2 Cor. 5:2-8; Filipenses 1:23; Hebreos 12:23.



Written By: SuperUser Account
Date Posted: 24/05/2009
Number of Views: 206

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