viernes, 10 de septiembre de 2010
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Inmortalidad del Alma




La inmortalidad del alma es una doctrina prominente del cristianismo. La Biblia presenta a la humanidad como la creación especial y directa de Dios. Génesis 2:7 hace referencia a que Dios formó a Adán “del polvo de la tierra” y “sopló en su nariz aliento de vida” de manera que el hombre llegó a ser “un ser viviente”. El hombre, hecho a la imagen de Dios, es apto para conocer a Dios y tener comunión con él.

La inmortalidad del alma es una doctrina prominente del cristianismo. La Biblia presenta a la humanidad como la creación especial y directa de Dios. Génesis 2:7 hace referencia a que Dios formó a Adán “del polvo de la tierra” y “sopló en su nariz aliento de vida” de manera que el hombre llegó a ser “un ser viviente”. El hombre, hecho a la imagen de Dios, es apto para conocer a Dios y tener comunión con él. Esto implica que el hombre es superior al animal, y que está animado de una vida que trasciende al tiempo. Fue creado para vida y no para mortalidad. Empero el pecado trajo la muerte al mundo, y frustró de esta manera el destino del hombre. La muerte en su estado físico, es la separación del cuerpo y del alma.

El Antiguo Testamento presenta al hombre que muere y al morir su cuerpo iba a la tumba y su alma iba al Sheol (abismo, sepultura el lugar de los espíritus que han partido de este mundo. De incidente del hombre rico y Lázaro sabemos que había dos partes en el Sheol: un lugar de sufrimiento para los malvados (Lucas 16:23-24) y otra parte para los justos, un sitio de descanso y comodidad (Lucas 16:25). Los creyentes del Antiguo Testamento vivían con la esperanza de que el Mesías descendería al Sheol y el pueblo d< Dios sería redimido del Sheol (Salmo 16:10,49:15). Esto se cumplió cuando Cristo, después de su muerte, descendió al mundo de los espíritus que habían partido (Mateo 12:40) y liberó a los santos del Antiguo Testamento del Sheol y los llevó al paraíso superior (Lucas 23:42-43, Efesios 4:8, 2 Cor. 12:2). Por otro lado, el Nuevo Testamento reconoce un estado más allá de la muerte en el cual la vida espiritual continúa bajo condiciones nuevas y mejores (Mateo 25:32,34, Marcos 9:43). Su plenitud pertenece a otro estado de existencia que comienza con la resurrección de vida o sea con el Rapto (Juan 5:29). Esto plantea la inmortalidad del alma.

DEFINICIONES:

Inmortalidad: Tres términos griegos expresan la idea de inmortalidad en el Nuevo Testamento: athanasia - “ausencia de muerte” (1Cor. 15:53-54); aphtharsia - “incorruptibilidad” (Rom. 2:7); aphthartos - “incorruptible”. La inmortalidad denota inmunidad de toda clase de descomposición y muerte, que proviene de tener o compartir la vida eterna divina. Alma: palabra hebrea naphesh y la griega psyche, las cuales significan en su origen “aliento” (Job 41:21), “vida” (Gén. 9:4).

VISIÓN UNIVERSAL

Dicha teoría enseña que el hombre es esencialmente un ser espiritual, inmaterial, inmortal, que vive dentro de un cuerpo material dotado de los órganos necesarios para la manifestación de su “yo” interno, invisible e indestructible en este mundo externo y material. El cuerpo físico no se considera esencial para la identidad o existencia del hombre. Se entiende que su “yo” propiamente dicho subsiste en la entidad inmaterial o chispa divina llamada espíritu. En la forma que nosotros utilizamos diferentes herramientas para realizar nuestras tareas así el alma utiliza el cuerpo para hacer contacto con el mundo material. Las cualidades mentales, tales como razón, sentimiento y estado de ánimo se consideran como los atributos de la “esencia” espiritual que se supone constituye al hombre.

Se admite, por supuesto, que el cuerpo se deriva materialmente del “polvo de la tierra”, pero se sabe que la “esencia” ha venido de Dios mismo, que en realidad es una parte de la Deidad misma, una chispa o partícula que se desprendió de la naturaleza divina y que tiene inteligencia y existencia independiente del organismo corpóreo con el cual está asociada. En conformidad con esta creencia, se considera que la muerte no afecta la existencia del hombre. Se le considera sencillamente como la destrucción del organismo material, que libera al hombre inmortal e intangible de la esclavitud de esta “envoltura mortal” y despojado de ella se va volando a las regiones espirituales, para felicidad o miseria eterna, según hayan sido sus acciones en el cuerpo.

QUÉ DICE LA BIBLIA:

De acuerdo con el relato de Génesis, el hombre fue creado inmortal en el sentido de que no necesitaba morir, empero mortal en el sentido de que podía morir si desobedecía a Dios. (Gén. 2:17-3:22). La inmortalidad absoluta es de Dios. La inmortalidad de Dios implica su santidad inviolable así como su vida perpetua.

El hombre pecó, por tanto se volvió mortal como pecador (Rom. 5:12). Dios es inmortal como el Santo (l Tim. 6:16). Para salvar las almas de los hombres, El espontáneamente se entregó a la muerte; el hombre recibe la inmortalidad como una dádiva divina de gracia. (Rom. 2:7).

Pablo describe la inmortalidad, como una adquisición futura (1 Cor. 15:52-54) no una posesión presente, y como un privilegio reservado para los justos (Rom. 2:6-7,10; 1Cor. 15:23, 42), no como el derecho inalienable de toda la humanidad ni una propiedad del alma humana. La inmortalidad está estrechamente relacionada con la vida eterna y la resurrección. La inmortalidad es el aspecto futuro de la vida eterna. Medio para obtener la inmortalidad a través del sacrificio de Cristo. Siendo ésta la única manera que establece la Biblia.

PRUEBAS DE LA INMORTALIDAD:

En el caso del rico y Lázaro, se da por sentada la inmortalidad del alma (Lucas 16:19-31) y en otros pasajes se deja ver como predijo las penas eternas que sufrirían los malvados y las bendiciones eternas de que serían objeto los justos (Mateo 25:46, Juan 5:28-29). Los apóstoles se expresaron terminantemente en palabras que implican la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo. Espíritus de los redimidos desprendidos de sus cuerpos, N.T., parten para estar con Cristo. (Juan 14:2, 17:24, Hechos 7:55-56, 2 Cor. 5:8, Filip. 1:23, Heb. 12:22-24, 1 Pedro 3:22, Hechos 3:21). El Salvador quitó la muerte y trajo vida e inmortalidad (incorrupción) a la luz por el evangelio (2 Tim. 1:10).

Podemos señalar que aunque en el Antiguo Testamento no se habla de manera específica sobre la inmortalidad, Cristo combatió a los saduceos que creían que la muerte era el término del hombre (Mateo 22:23-32, Hechos 23:8) manifestando que los patriarcas que habían muerto en el Antiguo Testamento vivían todavía (Éxodo 3:6). Los antiguos hebreos creían en la continuación de la existencia del alma después de la muerte por la expresión “y fue unido (o recogido) a su pueblo”, lo que no se aplica al cuerpo de cuyo entierro se habla en otros términos (Gen. 25:8-9, 35:29, 49:29, 33, Núm. 20:24-26, 27:12-13).



Written By: SuperUser Account
Date Posted: 24/05/2009
Number of Views: 220

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