- Dios ha provisto salvación a la humanidad usando como medio a Jesucristo, su único Hijo, quien personifica en sí mismo el significado de la santidad por su muerte expiatoria en la Cruz del Calvario, haciendo posible tres verdades relativas:
- Justificación - Hombre culpable declarado absuelto y justo. Es simultánea con la santificación. (Rom. 5:1; 1 Corintios 1:2; 1 Corintios 6:11).
- Regeneración - Nuevo nacimiento, nueva criatura, experiencia interna. (Juan 3:5-8)
- Santificación - Apartarse o consagrarse para Dios unido en adoración. Es relativa a posición es en Cristo e instantánea. Es práctica y progresiva. Es tanto absoluta en el sentido de que se trata de una obra hecha de una vez para siempre, y progresiva en el sentido de que el creyente debe seguir la santidad y perfeccionar su consagración limpiándose de toda inmundicia. (Lev. 11:44; 20:7-8; 2 Cor. 6:16-18; 7:1; Hebreos 10:14; 12:14).
- Los creyentes del Nuevo Testamento son “Santos”; gente sana, consagrada. Por medio de la sangre del pacto, se han convertido en: “Linaje escogido, real sacerdocio, nación santa ...“ (1 Pedro 2:5-9).
El servir a Dios equivale a ser sacerdote; de ahí es que se describe a Israel como Nación Santa y Reino de sacerdotes (Exodo 19:6). Por medio de la sangre del pacto, los creyentes del Nuevo Testamento se han convertido en Linaje escogido..., Sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo. Ofrecen el sacrificio de alabanza y se dedican a sí mismos, como sacrificio vivo en el altar de Dios (Romanos 12:1; Hebreos 13:15).
- El tiempo de la santificación.
- El Nuevo Testamento nos enseña que el Apóstol Pablo se dirigía a todos los creyentes denominándolos “Santos” (literalmente santificados), y en calidad de ya santificados, sin embargo, la misma carta fue escrita para corregir a esos creyentes, debido a la carnalidad y hasta el pecado manifiesto.
- Eran “Santos” y “Santificados en Cristo”, pero algunos de ellos estaban lejos de serlo en su vida cristiana. Habían sido llamados a ser santos, pero no caminaban dignos de la vocación a la cual habían sido llamados.
- De acuerdo con el Nuevo Testamento, hay un aspecto en el cual la santificación es simultánea con la justificación (1 Cor. 1:2; 6:11; 5:7-8).
Los medios de la santificación.
- La sangre de Cristo, eterna, absoluta “posicional”.
- Como resultado de la obra consumada de Cristo, el penitente es cambiado de un pecador corrompido a un adorador santo.
- La santificación es el resultado de esa obra maravillosa realizada por el Hijo de Dios, cuando se ofreció a sí mismo para quitar el pecado por medio de su sacrificio en el Calvario (1 Juan 1:7; Heb. 10:10; 10:14; 13:12).
Para que haya comunión entre Dios Santo y el hombre, debe existir necesariamente una provisión para remover el pecado que es una barrera para esa comunión.
La conciencia del pecado empaña la comunión con Dios; la confesión y la fe en el eterno sacrificio de Cristo quita la barrera (1 Juan 1:7; Heb. 13:12:10:10; 10:14).
El Espíritu Santo (santificación interna).
- La santificación por medio del Espíritu Santo es considerada como el comienzo de la obra de Dios en el alma del hombre, llevándolo al conocimiento pleno de la justificación, por medio del rociamiento de la sangre de Cristo (1 Cor. 6:11; 2 Tes. 2:13; Rom. 15:15-16; Hechos cap. 10; Hechos 15-8).
La Palabra (santificación externa y práctica)
- Los creyentes son “renacidos” por la Palabra de Dios, La Palabra de Dios ilumina al hombre y le hace comprender la locura y maldad de su vida. Cuando obedece la Palabra, se arrepiente y cree en Cristo, es limpio por la palabra que oye. Es el comienzo de la limpieza que debe continuar durante toda la vida del creyente.
En el momento de su consagración, el sacerdote israelita recibía un baño sacerdotal completo que jamás se repetía; era una labor hecha de una vez por todas. Empero se le requería que se lavase las manos y los pies diariamente. De igual manera la persona regenerada ha sido lavada (Tito 3:5), empero debe existir un proceso de limpieza de la contaminación e imperfecciones, a medida que son reveladas por la Palabra de Dios, la cual es el espejo del alma. Debe lavarse las manos, es decir, sus acciones deben ser justas. Debe lavarse los pies, en otras palabras, debe mantenerse libre de suciedad “que fácilmente puede adherirse a los pies calzados de sandalias de los peregrinos que transitan por los caminos del mundo (Juan 17:17; Efesios 5:26; Juan 15:3; Salmos 119:9; 1 Pedro 1:23; Santiago 1:22-25).