Para hablar de santidad comenzaremos definiendo el vocablo.
- Santidad es una cualidad fundamental de Dios y de su Espíritu. Es una virtud indispensable en todo verdadero creyente. Es consagrarse, apartarse del mundo y del pecado para tener íntima comunión con Dios y servirle con gozo.
- Santidad también se dice ser un atributo de ciertos lugares, objetos, días, fechas, acciones, etc.
- Término hebreo KADOSH: puro, físico, ritual y espiritualmente. Consagrado, puesto aparte, separado de toda contaminación, de pecado (Éxodo 13:2).
En ocasiones el término se utiliza como separado, puesto aparte, consagrado.
La pureza consiste en estar separado de toda contaminación, de todo pecado, según Jesús enseñara en Mateo 15:10-11.
Cuando Isaías oyó a los serafines proclamar “¡Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos!” Isaías clamó “¡Ay de mil que soy muerto; porque siendo hombre de labios inmundos... han visto mis ojos al Rey.” Entonces fue su iniquidad quitada y expiado su pecado (Isaías 6:2-7).
Entendemos que cuando Isaías contempló la plenitud de la santidad de Dios, comprendió al instante su propia imperfección e impureza, sobre todo con respecto a sus palabras. Jeremías en su experiencia, también reconoció las consecuencias de ver a Dios cara a cara.
Exodo 33:20 dice “No podrás ver mi rostro, porque no me verá hombre y vivirá.
Una vez Jehová le limpió la boca y el corazón a Isaías lo hizo digno de permanecer en su presencia como siervo y profeta del Santo de Israel. Todos los que se acercan a Dios deben tener sus pecados perdonados y el corazón limpiado por el Espíritu Santo. Porque sólo Dios puede proporcionar la pureza que El exige. Así que, hermanos, teniendo libertad para estar en el lugar santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura. (Hebreos 10:19-22).
Ser santo es lo opuesto a ser contaminado (Hageo 2:12-13; Levítico 11: 43-44).